domingo, 26 de abril de 2026

El mural como puente hacia una comunidad académica más inclusiva y conectada



Por Érika Henchoz

“El abrazo como origen e integración de los saberes”, o simplemente El abrazo, irrumpe ahora en el paisaje cotidiano de la Universidad de Costa Rica. Instalado en el edificio del Sistema de Estudios de Posgrado (SEP), el mural no solo ocupa un espacio: lo transforma

No es una obra que se limite a ser observada. Se deja sentir. Convoca. Detiene el paso apresurado y abre un paréntesis en la rutina universitaria para invitar al encuentro, a la contemplación y a una forma más íntima de reflexión. 

Más que un mural, El abrazo es un gesto. Un gesto amplio, sostenido en el tiempo, que convierte el entorno en un punto de convergencia. Allí, quienes transitan —estudiantes, docentes, visitantes— pueden reconocerse como parte de una misma trama, un tejido invisible que se construye con saberes, vínculos y experiencias compartidas. 

Su creador, Pablo Bonilla Elizondo, docente de la Escuela de Artes Plásticas de la Facultad de Artes de la UCR, lo define como “una obra cargada de simbolismo y vocación colectiva”. En esa definición late una idea fundamental del arte público contemporáneo: la de un arte que deja de pertenecer exclusivamente a los especialistas para abrirse al diálogo con la comunidad, donde cada mirada encuentra su propio significado. 

En palabras del artista, el mural propone comprender el conocimiento como “un proceso profundamente humano, tejido a partir de vínculos, afectos y trabajo conjunto”. Así, la obra desplaza la noción del saber como acumulación individual y la convierte en una construcción viva, relacional, en constante transformación. 

Bonilla Elizondo no solo pinta: piensa el arte como una forma de narrar lo colectivo. Su obra transita entre lo visual y lo poético, entre la forma y la memoria. En sus murales —inscritos en superficies que pertenecen a todos— hay una voluntad de diálogo con la ciudad, con sus historias y con las múltiples identidades que la habitan. Su trabajo puede leerse, entonces, como una cartografía sensible de lo común. 

Un abrazo con significado 

El gesto que articula la composición no es únicamente afectivo. Es también estructural. El abrazo aparece como una metáfora de la interdependencia que sostiene la investigación, la academia y la vida universitaria. Es un recordatorio de que ningún proceso de conocimiento es completamente solitario. 

En ese sentido, la obra invita a reconocerse desde la empatía, desde los afectos y desde la necesidad de afrontar colectivamente los desafíos de una realidad cada vez más compleja. 

El proyecto nace por iniciativa de la exdecana del SEP, la Dra. Flor Jiménez Segura, quien impulsó su desarrollo como parte de una visión institucional orientada a fortalecer los vínculos dentro de la comunidad académica. El diseño, concebido de manera colaborativa, se integró tanto a la misión del SEP como a las condiciones materiales del espacio, dialogando incluso con elementos preexistentes en la infraestructura. 

Desde el punto de vista estético, los personajes se despliegan bajo una lógica monocromática que concentra la atención en el gesto central. El abrazo se vuelve así el núcleo visual y simbólico de la obra. Sus expresiones, abiertas y luminosas, reivindican el aprendizaje como un proceso que, aun siendo exigente, puede estar atravesado por la alegría, el disfrute y la complicidad. 

De este modo, El abrazo desafía imaginarios tradicionales que asocian los estudios de posgrado con el sacrificio solitario, la tensión o el aislamiento, y propone, en cambio, una visión más humana, integral y esperanzadora. 

La materialidad también habla. Para su realización, Bonilla Elizondo trabajó junto a los artistas Orlando Güier y César Ulate, integrando cerámica, azulejo industrial y pintura acrílica. Los materiales no solo aseguran durabilidad, sino que aportan textura, relieve y profundidad, ampliando la experiencia visual hacia lo táctil, casi como si la obra pudiera sentirse con la mirada. 

El mural y su diálogo con la comunidad 

Toda obra de arte público se completa en la mirada de quienes la habitan. Su significado no es fijo: se construye en la interacción cotidiana con el espacio y las personas. 

En esa línea, El abrazo no impone un discurso cerrado. Se ofrece como un territorio simbólico abierto, accesible, generoso. Su diseño conversa con la arquitectura del edificio y con los ritmos de la vida universitaria, invitando tanto a la interpretación personal como a la reflexión colectiva. 

Esta perspectiva responde a una concepción del arte público con responsabilidad social: una práctica que no gira en torno al ego del creador, sino que busca establecer relaciones horizontales con su entorno, basadas en la empatía, la escucha y el reconocimiento de lo común. 

Formación superior pública para pensar y convivir 

En tiempos en que las universidades enfrentan tensiones diversas —internas y externas—, la obra plantea una pregunta silenciosa pero urgente: ¿cómo queremos habitar estos espacios? 

El abrazo sugiere una respuesta posible. Invita a imaginar la universidad como un territorio de encuentro, de generosidad y de alegría. Un lugar donde el interés público prevalezca sobre lo individual y donde el conocimiento se construya desde la diversidad, el respeto y la convivencia. 

Desde esa mirada, el mural se proyecta como algo más que una intervención artística: es un aporte a la construcción de una comunidad académica más cohesionada, plural y profundamente humana. 

Un detalle final, sutil pero elocuente, completa la composición: las flores. Cada una con un color distinto, evocan las diversas áreas del conocimiento que conviven dentro de la universidad. En su conjunto, refuerzan la idea central de la obra: que la riqueza del saber no surge de la uniformidad, sino de la capacidad de integrar múltiples perspectivas en un mismo gesto. 

En El abrazo, el arte deja de ser solo contemplación. Se vuelve experiencia, vínculo y lenguaje compartido. Se habita. Se interpreta. Y, sobre todo, se comparte.  

https://www.ucr.ac.cr/noticias/2026/4/24/el-mural-como-puente-hacia-una-comunidad-academica-mas-inclusiva-y-conectada.html

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