martes, 12 de mayo de 2026
Filme sobre la vida de Virginia Grütter, 1995.
sábado, 9 de mayo de 2026
Solo el corazón responde
Solo el corazón responde
cuando la vida exige esas fuerzas
que uno saca de quién sabe dónde,
aunque a veces parezca
que al final también se cansa,
que late más despacio
como un bolero herido sonando en la madrugada.
Y entonces llega el aguacero,
o ese aire salino que trae el mar,
y me lava el rostro despacio,
como si quisiera salvarme de mí misma.
Me abre un camino seguro
hacia ese bosque tupido y espeso
que respira hondo,
que transpira una vida nueva
mientras yo intento volver a empezar.
En estos tiempos también anidan las aves.
Parecen perdidas cuando cruzan el cielo,
pero no lo están.
Ellas saben dónde posar el cansancio,
saben reconocer el tronco bueno:
fuerte, leal, seguro.
Y yo quisiera aprender de ellas,
quedarme donde el alma no tiemble,
donde la noche no duela tanto,
donde tu voz suene bajito
como un bolero antiguo
cantado en primera persona.
ehc, 2015
jueves, 7 de mayo de 2026
Dentro de ese gran mapa literario americano Mamita Yunai ocupa un lugar fundamental: no solo como testimonio de una época y de una realidad social marcada por la explotación bananera, sino también como una de las obras que contribuyeron a darle voz, memoria y conciencia al continente. Carlos Augusto León reflexiona sobre la narrativa latinoamericana como un vasto tapiz en el que cada escritor, con pulso firme y mirada encendida, logra capturar la esencia de su tierra.
El venezolano Carlos Augusto León Arocha es un poeta, ensayista, pedagogo, periodista y político venezolano que escribió el prólogo a la edición mexicana de Mamita Yunai en 1957; ese mismo texto fue reproducido por la revista Cultura Universitaria de la Universidad Central de Venezuela como homenaje a la muerte de Carlos Luis Fallas, nuestro entrañable Calufa. Hoy se recupera por su indudable valor histórico y literario, así como por la vigencia de sus reflexiones sobre la narrativa latinoamericana y la realidad social del continente.
Se trata de una pieza notable tanto por su riqueza expresiva como por el cuidado de su prosa.
Carlos Luis Fallas y Mamita Yunai, Carlos Augusto León
En mayo próximo pasado, murió uno de los más notables escritores de nuestra América, Carlos Luis Fallas. Hombre de su pueblo, de pies a cabeza, sabía de la realidad social de Costa Rica, su patria _y a través de ella de estos países hermanos en tragedias y “subdesarrollos “, en esperanza también_ no a través de libros de geografía, o de oídas, sino por haber practicado oficios humildes y convivido con “los que viven por sus manos”. En él las ideas revolucionarias no vinieron sino a manifestarle su propio ser, la verdad que había aprendido, “la verdad, terrible, vivida por el autor en las entrañas del monstruo verde”, como alguna vez dijera, captada en su mocedad de aprendiz en un taller de ferrocarril, de cargador en los muelles de Puerto Limón, luego en las inmensas y sombrías bananeras de la United , en la que por años hice vida de peón, de ayudante de albañil, de dinamitero, de tractorista, etc. Y allí fui ultrajado por los capataces, atacado por las fiebres, vejado en el hospital”.
Carlos Luis Fallas fue siempre fiel a su gente y a su idea. Escribió en prosa fácil, directa como de quien narra en rueda de peones, o en sabrosa tertulia campesina, los hechos del día o de otros tiempos. Gran narrador popular, sin duda acrecentado por la claridad que llevaba dentro de sí, por su concepción y militancia revolucionarias. Nos dejó en “Mamita Yunai” un testimonio imperecedero; en “Gentes y gentecillas”, “Marcos Ramírez, aventuras de un muchacho”, “Mi madrina”, otras tantas obras vivas, francas, abiertas, como era él de franco, abierta el alma, “en el mejor sentido de la palabra, bueno”, recordando a Machado.
Gran pérdida su partida, para Costa Rica, para América, para los pueblos todos. En homenaje a Carlos Luis Fallas, publicamos el prólogo que hiciéramos a la edición mexicana de “Mamita Yunai” en 1957 y un artículo de Antidio Cabal. C.A.L
Por sobre la vasta tierra de América, rica en ríos y desiertos, en montañas y simas, tiende el hombre la hoja de los mapas. Allí vemos, en colores tomados por azar o en matices que dicen las alturas, una desnuda imagen del Continente. Más exacto sería _¿no es cierto?_, pintar cada país con el color de su fruto predominante de aquel que constituye en cada caso el núcleo de la riqueza nacional y también la veta donde más codiciosa penetran las manos extrañas. Frutos del _del árbol, de la mina, del mar_ que dan color a nuestra historia y a nuestra vida. Así Chile de cobre,; Venezuela, de petróleo y de hierro; México, de algodón, de plomo y de plata; Cuba de azúcar; Bolivia, de estaño…Curioso mapa sería ese; más veraz, sin duda, que el otro de bellos colores. Pero, aun así, no alcanzaría a reflejar todo cuanto encerramos, no sólo de rico mineral y flora fecunda, fauna generosa, sino también, lo que es más importante, de tragedia y de lucha y esperanza humanas. El mejor mapa de América, por eso, lo han hecho, lo están haciendo sus escritores, sus artistas. Yes inapreciable en este sentido la contribución de los novelistas. La Venezuela que ha pintado magistralmente Gallegos, la selvática Colombia de José Eustacio Rivera, la Argentina de Güiraldes, para empezar por los clásicos de la Novela latinoamericana, son otras tantas imágenes vivientes y cálidas de esos países. Y no olvidamos, por cierto, el México de Azuela. La obra de los más recios y sinceros novelistas posteriores ha venido completando poco a poco el mapa de América. Brasileños como Amado, ecuatorianos como Icaza y Gil Gilbert, Miguel Ángel Asturias de Guatemala, han contribuido _entre otros_ con obras valiosas.
En el mapa que podría hacerse del Continente contemplando sus productos privilegiados, América Central estaría cubierta de la mancha verde de los cafetales y de las plantaciones bananeras. El plátano es allí fuente de riqueza y de desgracia, oro que no se goza, y que atrae la codicia extranjera.
De las primeras novelas americanas que nos hablaron esas “repúblicas bananeras” de Centroamérica, es esta Mamita Yunai que ahora, desde México, vuelve a asomarse al Continente.
No es nueva para nosotros Mamita Yunai.
A semejanza de otras obras valiosas, ésta recibió al comienzo la negación de presuntos entendidos. “No es novela”, dijeron en un concurso, en Costa Rica, patria de Carlos Luis Fallas, los miembros del jurado que habría de escoger obra que representase al país en un concurso americano. Y corresponde a Neruda _quien tanto ha contribuido al mapa humano de América, con su obra, con su Canto General especialmente_, el haber señalado la importancia de Mamita Yunai.
Esta conocida novela para la cual se nos ha hecho el honor de escribir un prólogo, ha suscitado en nosotros algunas meditaciones.
La Novela latinoamericana, en la cual cada autor ha pintado su propio pasaje, nos muestra la fisonomía de nuestras naciones, con las semejanzas y las diferencias que, entrelazadas, presentes siempre, las constituyen. La vida en las plantaciones de Mamita Yunai nos recuerda la selva bella y terrible de La Vorágineo en Canaima, de Gallegos. Aquí como en aquellas, está la naturaleza exuberante e indómita; se diría que sus grandes ramas verdes apresan a los hombres, a manera de gigantesca telaraña. (Prisión Verde, titula una novela el hondureño Amaya Amador). Tierras insalubres, en que se pudren los pies, donde las fiebres campean, hay en Mamita Yunai. Extrañas enfermedades se apoderan del purguero en la selva de Rivera y de Gallegos. Pero no es la naturaleza ni la enfermedad, la fuente del mayor sufrimiento humano. Lo que en las citadas novelas se presenta, a través de personajes siniestros, también en la obra de Fallas adquiere forma y cuerpos reales, tan reales como en la vida misma; es la explotación del hombre lo que realmente ensombrece y hace espantosa la naturaleza ubérrima. En Mamita Yunai es precisa y firme la denuncia. Ella impregna cada palabra, cada página y mantiene en un “crescendo” constante la justa ira encendida en el ánimo del lector. A manera de gigantesca araña, la compañía que ha deformado la economía de Centroamérica y perturbado su historia, la que es estorbo fundamental para el progreso de esos pueblos, la que ha pugnado por lanzarlos unos contra otros, la que arremetió contra Guatemala; esa UFCO siniestra, transformada en Mamita Yunai por la ironía popular, mueves sus patas oscuras y múltiples por sobre cada árbol y cada hombre. Mas, por obra de la actitud realista de Fallas, no hay esquematismo ni simplificación artificiosa en la novela. Está aquí la vida en su vasta complejidad y por ello por el trust extranjero. Problemas del indio preterido y del negro errante; corrupción política de capas sociales predominantes; migraciones humanas en pos de míseros jornales. Aquí también podría hablarse de semejanzas y diferencias con otras naciones americanas, Esos antillanos trashumantes, por ejemplo, esos “nicas” que emigran a Costa Rica en busca de trabajo, ese constante ir y venir de un país a otro centroamericano, los jornaleros de esas tierras, nos recuerdan a los “espaldas mojadas” de México.
Esta novela cálida, trepidante, es un trasunto de una vida de hombre popular. Es una narración semejante a las que el autor pone en los labios de sus personajes hundidos en los bananales. Él es uno de ellos; no los inventa ni altera porque no hace sino contar la propia aventura. Carlos Luis Fallas, de humilde origen, de madre campesina, era apenas adolescente cuando se marchó, en pos de trabajo, al litoral atlántico de Costa Rica, donde impera la UFCO. Fue cargador en los muelles; se internó en plantaciones donde hizo vida de peón, de albañil, de dinamitero y tractorista. “Fui _nos dice_ esquilmado por los capataces, atacado por las fiebres, maltratado en hospitales”. Lo que nos cuenta de la tragedia colectiva de su patria lo ha aprendido en años de sufrirla directamente. A la altura de sus veintidós, fogueado ya prematuramente en el trabajo y la lucha, Fallas tomó el camino del marxismo. En la participación más consciente y activa, desde entonces, en la lucha de su pueblo, van a forjarse conjuntamente el escritor y el revolucionario. Participa en la campaña de su partido para poner fin a la pugna entre blancos y negros azuzados por la UFCO. Va a la cárcel varias veces; es herido en un choque de obreros desocupados con la policía. Es dirigente de la gran huelga bananera de 1934. Ha sido Secretario General del Sindicato Bananero; regidor municipal, miembro de la dirección de la Confederación de Trabajadores de Costa Rica y de su Partido.
Ese es, pues, el escritor, el hombre.
Aprendió a escribir en medio de la vida, requerido por la acción.
Su prosa tiene sencillez y gracia popular. Y del pueblo también la expresión directa, o la sabia ironía melancólica, o el toque del lirismo. Esa prosa que hiere y corta cuando describe la miseria y la injusticia, se hace tierna y poética para decir el sueño de peones. Leyéndola no podemos menos que pensar cómo el vivir lo que se escribe _el escribir lo que realmente se escribe_, sigue siendo el camino mejor para la creación. Sólo podría darnos cuadro tan vivo del humano sufrimiento en la tierra suya, de la humana esperanza, quien como Fallas da su vida toda a la lucha por la noble causa popular.
Esa es la lección de Carlos Luis Fallas y de su Mamita Yunai que pinta a Costa Rica en el mapa humano de América trazado por sus artistas, por sus novelistas.
Esta novela vertida a muchas lenguas, que ha recorrido el mundo y hoy aparece en edición mexicana, deberá ser objeto de estudio siempre que se hable del género en nuestros días, en nuestro Continente. Por más que su autor _en demostración de perennidad creadora_ nos diga que no está satisfecho con cuanto ha escrito. Que en sus futuras novelas quiere conjurar más claramente la denuncia de la injusticia con la orientación hacia la lucha. Bien está su creadora constante insatisfacción. Mas ella no obsta para que reconozcamos en Mamita Yunai la obra lograda llena de Costa Rica, llena de América, llena de pueblo.
Carlos Luis Fallas y Mamita Yunai, Carlos Augusto León. Cultura Universitaria, Universidad Central de Venezuela, n.º XCI (abril-junio de 1966), pp. 47–50.
UFCO* United Fruit Company
lunes, 4 de mayo de 2026
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