Selección por Érika Henchoz
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Entró junio bien llovido, para guarecerse bajo la hermosa pluma de ave poética y narrativa de uno de los escritores más importantes de la Rusia zarista, Aleksandr Pushkin (1799-1837). Literofilia se refresca un nuevo mes con esa llovizna de poemas y novelas —altivas en su lenguaje— del padre de la literatura rusa moderna, que influyó en gigantes como Tolstói, Gógol y Dostoievski, y en compositores como Chaikovski o Músorgski.
La hija del capitán, Eugenio Oneguin (su obra más reconocida), El jinete de bronce, El prisionero del Cáucaso, Ruslán y Liudmila, El negro de Pedro el Grande, Noche de invierno y decenas de títulos más respaldan a quien se le considera el padre de la literatura rusa moderna.
«Pushkin fusionó el lenguaje eslavo cotidiano con la vieja escuela rusa, con lo que su poesía cobró más fuerza y colorido».
Quien desee resumir en poquísimas palabras la productiva vida del poeta (que, además de ser un señor poeta), fue ejemplo de lealtad con su pueblo y de gran estatura personal y política, podría decir:
«A los 37 años, Pushkin era el mayor poeta de Rusia y la voz de la oposición al despótico régimen del zar Nicolás I. Como si se tratara de la encerrona típicamente decimonónica que Ernst Jünger narra en “Un encuentro peligroso”, Pushkin fue empujado a un duelo cuyo resultado forzosamente tenía que serle fatal. Los agentes del zar fraguaron los anónimos sobre los supuestos adulterios de Natalia Goncharova (su belleza causó furor en la alta sociedad; hasta el emperador Nicolás I fue uno de sus admiradores), esposa del poeta, a consecuencia de los cuales, a principios de 1837, Pushkin se vio obligado a batirse con el barón francés D’Anthès Haeckeren. Este era un tirador profesional, expresamente contratado…»
…y así lo secundó el amado poeta mexicano José Emilio Pacheco, luego de participar en un simposio sobre Pushkin celebrado en Moscú:
«Del modo más sexista y canalla, durante más de siglo y medio, se había culpado de la muerte de Pushkin a Natalia Goncharova, a quien se atribuyeron amores con el zar. Desde ahora sabemos que el fundador de la gran literatura fue una víctima política: lo asesinó D’Anthès Haeckeren y lo remató el doctor Arendt.
El poeta estuvo constantemente en problemas con el régimen zarista por su vinculación a diversos grupos revolucionarios. Murió en un duelo, pero, muy al contrario de lo que siempre se ha dicho, su muerte no fue por defender el honor de su gran amor, Natalia Goncharova, sino un asesinato premeditado a manos del militar francés Georges D’Anthès», quien se había convertido en su propio cuñado.
Descendiente de una de las más antiguas familias de la aristocracia rusa, Pushkin fue un escritor supremo que honró con su vida la palabra, la política y el amor cuando se batió y murió en ese duelo.
Pushkin nace en el último año del siglo XVIII. Su escritura alcanzó a emplear plumas de ave, luego la pluma estilográfica que se ideó en el año 1820. Tinta y papel le acompañaron en los destierros forzados que le impuso el zar Alejandro I, perteneciente a la dinastía Romanov. Accedió al trono en 1801 al morir asesinado su padre, Pablo I, por la conspiración de Pahlen (en la que habría participado el propio Alejandro I).
Pushkin tuvo una vida cargada de experiencias extremas. Se movió con soltura en una de las sociedades más conservadoras de la Rusia monárquica. Compartió —para bien y para mal— con dos de los zares rusos: los últimos años de Alejandro I, quien lo desterró en dos oportunidades, y con Nicolás I, quien prefirió controlarlo y publicar sus obras antes que perseguirlo, como una especie de “editor”. Al morir, el zar canceló todas las deudas que contrajo Pushkin, con tal de impedir el escándalo social de su familia.
Pushkin, además de poeta, fue también autor teatral, iniciador de la literatura rusa a través de sus poemas líricos y épicos, obras de teatro, novelas y relatos breves. Nació el 6 de junio de 1799 en Moscú, en el seno de una familia noble. «Siempre se mostró especialmente orgulloso de su bisabuelo negro, un general que sirvió a Pedro el Grande. Desde los 14 años demostró estar dotado de un talento poético precoz. En 1817, al cumplir su mayoría de edad, tuvo un cargo meramente nominal en el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en San Petersburgo, lo que le permitió alternar con la mejor sociedad y, a la vez, formar parte de un grupo revolucionario ilegal», comentan sus biógrafos.
Nadie acalló su mente ni sus ideales más obstinados. Su vasta obra habla por él.
Desde muy joven fue un lector voraz y compulsivo. Pasaba largas horas en la biblioteca de su padre, compuesta por miles de volúmenes, la mayoría escritos en francés. Se graduó con honores en el Liceo Imperial de Tsárskoye Seló, institución que posteriormente llevaría su nombre. Allí comenzó a escribir su primer poema extenso, Ruslán y Liudmila, publicado en 1820, el mismo año en que empezó a involucrarse en los movimientos de reforma social y a destacar como portavoz de los escritores más radicales de su generación.
Su poema Oda a la libertad provocó la ira del zar Alejandro I, quien ordenó su destierro a Yekaterinoslav, ciudad conocida hoy como Dnipró.
Durante aquel período sufrió diversas fiebres y fue acogido por la familia del general Rayevski, que lo llevó al Cáucaso y a Crimea. La región caucásica lo impresionó profundamente y le inspiró uno de sus poemas románticos más célebres, El prisionero del Cáucaso (1821).
En 1824 fue trasladado a Odesa y, poco después, nuevamente desterrado, esta vez bajo arresto domiciliario en la finca familiar. También de esa experiencia surgió una de sus composiciones más memorables, Al mar, con la que se despidió poéticamente de la ciudad.
Curiosamente, años antes de su propia muerte, Pushkin escribió una breve obra dramática inspirada en las misteriosas circunstancias que rodearon la muerte de Mozart. Al igual que el compositor a quien tanto admiraba, el poeta encontró un final prematuro y trágico.
Aleksandr Pushkin, a los 14 años, recitando un poema ante Derzhavin en el Liceo Imperial de Tsárskoye Seló. Pintura de Ilya Repin.
Duelo anunciado
«El duelo violó todas las reglas. Ningún médico estuvo presente y D’Anthès Haeckeren disparó con intención de matar. Gravemente herido, Pushkin fue trasladado a su casa en trineo, perdiendo durante el trayecto una gran cantidad de sangre. El doctor Arendt, médico personal de Nicolás I, tardó en llegar, impidió que otros colegas asistieran al herido y, durante las 46 horas que Pushkin sobrevivió, se limitó a administrarle calmantes en lugar de extraerle la bala».
Fragmentos de algunos poemas de Pushkin
Oda a la libertad
¡Huye, apártate de mis ojos,
diosa del amor de opaca majestad!
¡Dónde estás, horror del poderoso,
cantora altiva de la Libertad!
¡Quita el laurel de mi cabeza,
rompe mi delicada lira; quiero
cantar la Libertad al mundo entero
y en el trono ahogar tanta vileza!
Hace mucho...
Hace mucho que vuelo sin techo
hacia donde sopla la autocracia;
al dormirme, no sé dónde despertaré.
Siempre perseguido, ahora exiliado,
llevo los días encadenados...
El prisionero
En húmeda cárcel estoy prisionero,
y un triste aguilucho, mi fiel compañero,
que crece cautivo, en trémulo intento,
devora en sus garras un trozo sangriento.
Lo pica y lo desecha; mis barrotes mira:
una misma idea nos une e inspira.
Y con su mirada y su áspera voz:
«¡Hermano —me dice—, volemos los dos!
Aves libres somos; hora es de partir.
Allá, tras las nubes, verás refulgir
las cumbres nevadas, las olas del mar...
¡Allá, con los vientos, reino yo sin par!»
Confesión
Yo a usted la quise; el amor, quizás,
aún no ha fenecido en mi pecho;
ojalá no la tribule nunca más,
no quiero en nada entristecerla.
La quise sin quejas ni esperanza,
sufriendo con timidez y celos.
La amé, sincero y con ternura,
y quiera Dios que otro pueda amarla así.
Obra inmortal
En 1826, el zar Nicolás I, consciente de la enorme popularidad de Pushkin, le concedió el perdón por sus audaces poemas de inspiración libertaria. Por su parte, el escritor continuó utilizando la historia de Rusia como trasfondo para algunas de sus obras más importantes, entre ellas los extensos poemas Poltava (1828) y El jinete de bronce (1833), así como la novela histórica La hija del capitán (1836), inspirada en la rebelión de Pugachov.
También escribió relatos breves, entre los cuales destaca La reina de picas. Legó a Rusia una herencia literaria de valor incalculable. Fue un autor versátil, dotado de vigor creativo y de una profunda comprensión de las múltiples facetas del carácter de su pueblo. Su poesía lírica y su prosa, a la vez sencillas y sinceras, ejercieron una influencia decisiva sobre varias generaciones de escritores rusos.
Su estilo transita entre el realismo, la sátira y el drama. Con el paso de los años se fue alejando del romanticismo de su juventud para inclinarse cada vez más hacia la narrativa de inspiración popular. A pesar de su creciente prestigio y de las extraordinarias ventas de sus obras, vivió constantemente acosado por las deudas. Con el propósito de mejorar su situación económica y ampliar su influencia cultural, fundó la revista El Contemporáneo, que con el tiempo se convertiría en una de las publicaciones más importantes de las letras rusas.
Pushkin estaba convencido de que su país necesitaba profundas reformas sociales. Se relacionó con aristócratas vinculados a movimientos reformistas y liberales, algunos de los cuales participaron en la insurrección decembrista de 1825. Aunque no existen pruebas concluyentes de que tomara parte directa en aquella sublevación, sus escritos fueron considerados peligrosamente revolucionarios por las autoridades.
Entre ellos destacó especialmente Oda a la libertad, obra que provocó la indignación de los círculos imperiales y contribuyó a su destierro de San Petersburgo, entonces la ciudad más cosmopolita y aristocrática del Imperio ruso.
Durante el exilio recorrió diversas regiones de Ucrania, dedicándose intensamente a la literatura y al teatro. Fue también en ese período cuando conoció a Natalia Goncharova, considerada por muchos contemporáneos como una de las mujeres más bellas de Rusia. La pareja contrajo matrimonio en 1831 y tuvo cuatro hijos.
Pushkin murió en febrero de 1837, apenas dos días después del duelo que selló su destino. Tenía solo 37 años, pero había transformado para siempre la literatura rusa y dejado una obra cuya influencia continúa vigente hasta nuestros días.
Curiosamente, un 6 de junio —la misma fecha de nacimiento de Pushkin—, pero de 1875, nació el novelista y crítico alemán Thomas Mann, a quien esta sección ya dedicó en su momento un espacio como Escritor del Mes.
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